La acción sin obrar de Alejandro Togores
En uno de los encuentros presenciales que propicia el proyecto “La Aventura de Comprender” se planteó la necesidad de ser humanos consecuentes con nuestra naturaleza dando así un necesario paso evolutivo.
Ser consecuentes, para muchos, es sinónimo de actuar conforme a una idea de la realidad aceptada por ser una conclusión lógica de las cosas que experimentamos.
Pero esa forma de pensar ya no es aceptable porque la idea que nos podemos hacer de la realidad como conclusión lógica es una simplificación que ni siquiera supera la buena voluntad de quien actúa con la idea de no causar daños medioambientales. No apreciar esa creativa disposición es otro grave error que tampoco debemos permitirnos.
Ante eso podemos darnos cuenta que, comprender más allá de la lógica, puede ser una aventura interesante y adecuada. Aventura porque es soltar los soportes que nos dan la necesaria seguridad para vivir conscientemente; adecuada porque la realidad ya sabemos que no la hemos sabido interpretar, lo que nos ha llevado a un estado de deterioro insoportable para muchos e inviable para que nuestra especie pueda existir como una más del Planeta.
Motiva a muchos la realización de actividades para recuperar la salud de la Tierra sin darse cuenta que la salud precaria es la de los humanos que, en lugar de evolucionar, se empeñan en un desarrollismo imposible, es decir, idea de desarrollo característico de las civilizaciones en decadencia, momento en el que en su seno se hace todo lo que es posible sin considerar si es adecuado.
Evitar que la actividad de los sensiblemente motivados caiga en el error que quieren evitar no es tarea fácil. La actividad coherente que se observa en toda manifestación de vida en este mundo, que, por cierto, ha permitido la asombrosa evolución en los últimos tres mil quinientos millones de años, se nos hace evidente, a cada paso, que no es la nuestra.
Ha habido y hay humanos, todavía en franca minoría, que, tras la aventura a la que nos hemos referido, han experimentado la realidad de otra manera y que, a la espontánea creatividad, la han llamado “la acción sin obrar”.
La actividad humana puede llegar a ser ajena al miedo y a la avidez, puede llegar a ser compasiva y, por tanto, inteligente... Puede ser coherente con el Universo siendo no dos con él. Donde desapareció Narciso, nació una flor.
Alejandro Togores