“Dersu Uzala” o el cine como sanación
Título original: Dersu Uzala
Año: 1975
Director: Akira Kurosawa
Intérpretes: Maksim Munzuk, Yuri Solomin, Svetlana Danilchenko, Dima Kortishev, Schemeikl Chokmorov, Vladimir Kremena
Duración: 141 minutos
Género: Aventuras. Drama
Esta película se proyectó en el Cinefórum de las primeras jornadas "La Aventura de Comprender. En busca de preguntas imprescindibles", en colaboración con el Aula de Cine de la Universidad de La Laguna, Charlas de Cine y Multicines Tenerife.

Dentro de una filmografía tan notable y heterogénea como la de Akira Kurosawa, la adaptación de la novela del explorador ruso Vladimir Arsenev tiene un valor especial, no sólo por estar considerada una de las incuestionables obras maestras del cineasta japonés, o por su calidad de rara avis al tratarse de una producción rusa frente a su habitual relación con la productora Toho, sino también por lo que supuso a nivel existencial para el autor de “Los Siete Samurais”.
Desde que debutara en 1943 con “La Leyenda del Gran Judo”, Akira Kurosawa rápidamente ascendió hasta convertirse en uno de los cineastas más reputados y de mayor éxito de Japón. En esto jugó un papel importante sus increíbles aportaciones al cine de samuráis (el propio Kurosawa procedía de una extensa estirpe de samuráis) como “Rashomon”, “Trono de Sangre” o “Yojimbo”, pero también sus incursiones en otros géneros como el film noir (“Perro Rabioso”, “Los Canallas Duermen en Paz”) o el drama (su particular visión de “El Idiota” de Fyodor Dostoevsky o la maravillosa “Vivir”). Desgraciadamente, el primer lustro de la década de los 70 no fue nada halagüeño para el cineasta. Extremadamente exigente, tanto con los que trabajaban con él como consigo mismo, Kurosawa atravesó su momento profesional y emocional más devastador cuando en 1970 una gran producción como “Dodes'ka-den” (su primera incursión en el terreno del color) supuso un gran fracaso en taquilla. Profesionalmente, esto provocó la pérdida de confianza de la Toho, lo que le dificultó poder levantar otra producción; emocionalmente, le sumió en una profunda depresión que tocó fondo con un intento de suicidio en 1971.
En este momento bajo de su carrera, la Embajada Rusa contactó con Kurosawa y le propuso rodar una película en Rusia, dirigida al público ruso. El cineasta llevaba desde el principio de su carrera intentando adaptar las aventuras de Vladimir Arsenev, pero todos sus intentos hasta entonces habían sido infructuosos, entre otras cosas porque su intención original era adaptar la historia al contexto japonés, precisamente como había hecho con Dostoevsky o con Shakespeare en “Trono de Sangre”. Finalmente, llegó a la conclusión de que para rodar esa película necesitaba devolver la acción a los escenarios originales de la historia. A estos se sumó la aparición de una primera versión rodada por Agasi Babayan en 1961, hoy prácticamente olvidada. La propuesta rusa volvió a abrir las puertas de esta producción, de acuerdo a los parámetros ideados por Kurosawa.

La obra literaria recopila diferentes relatos autobiográficos de las expediciones de Arsenev, aunque el interés de Kurosawa estaba centrado en la figura de Dersu Uzala, un cazador nómada de la tribu china Hezhen, que sirvió como guía del grupo de expedición entre 1902 y 1907. De esta manera la cinta se estructura en base a tres bloques narrativos. El primero corresponde al momento en que se conocen Arsenev y Dersu; el segundo a una expedición posterior, con un Arsenev más experimentado y un Dersu ya aquejado de falta de visión por la edad; el tercer arco concierne al tiempo que el cazador pasa en la civilización, en casa de su amigo explorador. El tema central en estos tres relatos es la ruptura que se genera a principios del siglo XX entre el cada vez más desarrollado mundo civilizado e industrializado (representado por Arsenev y sus hombres) y un estilo de vida tradicional y rural, con una relación más sostenible e íntima con la naturaleza (encarnado en la figura de Dersu Uzala).
Dersu (interpretado por un excelente Maxim Munzuk, actor de escasa experiencia cinematográfica en aquel momento pero que ha trascendido como un icono del cine gracias a este papel) es un hombre sencillo, que cree en la existencia de un orden natural, ya sea en su relación con el medioambiente y los animales que lo pueblan, como dentro del propio batallón de Arsenev (al que da vida Yuriy Solomin, actor de mayor trayectoria en cine y televisión y que era ya una figura muy conocida en el cine ruso), respetando en todo momento la jerarquía militar. Pese a la amistad que se va generando entre los dos protagonistas, el cazador nunca romperá esa barrera de clase que le separa del explorador y nunca se dirigirá a él por su nombre de pila, sino siempre por su rango. Un ejemplo de ello lo tenemos en la colosal secuencia de la ventisca, donde es el conocimiento natural de Dersu lo que salva la vida de los dos personajes, pero sin que el cazador anteponga incluso el sentido de supervivencia a las órdenes del Capitán. No es hasta que Arsenev le solicita que busque una solución al problema que Dersu inicia la construcción del refugio que les va a resguardar. Otro momento decisivo en este sentido es el enfrentamiento con el tigre, donde los dos esquemas de valores de nuestro protagonista acaban anteponiéndose, optando finalmente por salvar la vida de su amigo en contra de sus propias creencias, un acto que le perseguirá y le atormentará el resto de su vida.
La relación de Dersu con el entorno es sostenible, siempre buscando que la huella de su paso por la naturaleza no sea destructiva y sí responsable de cara a lo que van a encontrar los que vengan después de él. Todo lo contrario que los jóvenes soldados que acompañan a Arsenev, que muestran una actitud de superioridad y dominación frente al entorno, descuidando el uso que hacen de lo que la naturaleza les ofrece. Esta misma actitud soberbia la tienen inicialmente hacia Dersu, al que tratan de manera altiva y con condescendencia, hasta que el cazador, con sus acciones, se va ganando su respeto y les va enseñando lo inadecuado de su actitud hacia el medioambiente.
La película muestra un orden natural, basado en la simbiosis de las diferentes formas de vida que habitan en el bosque, y que encuentran en esta interrelación un equilibrio existencial. Esta estructura choca con el orden civilizado de la ciudad, un constructo artificial y en el que Dersu se sentirá encarcelado durante el tercer arco argumental de la película. Fuera de su entorno, el protagonista se va consumiendo y es incapaz de adaptarse a las reglas de su nuevo hábitat. Si en los dos primeros tercios de la película se presenta como un personaje en armonía, cuyo conocimiento natural le permite ser resolutivo y ganarse el respeto de Arsenev y su batallón, en el arco final se convierte en un personaje torpe, incómodo y dependiente de los demás para subsistir.

Cinematográficamente, la película mantiene muchas de las constantes narrativas del cine de Akira Kurosawa. Perfeccionista y detallista, el cineasta era famoso por lo exigente que era durante el rodaje, ralentizando el plan de trabajo si el resultado no estaba al nivel requerido (algo que traía de cabeza a la productora rusa Mosfilm). Un ejemplo de este perfeccionismo es, de nuevo, la escena del tigre, donde Kurosawa, con el fin de dar más realismo a la escena, utilizó un animal salvaje y no uno domesticado. El propio rodaje en Siberia estuvo marcado por condiciones muy duras, pero para el cineasta no había otra forma de escenificar esta historia que recurriendo a los verdaderos espacios naturales donde convivieron Dersu y Arsenev. Amante de los planos generales (consideraba que alejar la cámara de los actores les permitía una mejor interpretación), el director se esfuerza con su planificación en dejar patente la integración de los personajes en el paraje natural a través de planos con teleobjetivo, lo que a su vez le permitía rodar simultáneamente con múltiples cámaras desde diferentes perspectivas.
“Dersu Uzala” devolvió a Akira Kurosawa a su esplendor creativo. No sólo se trataba de un proyecto que ansiaba llevar a cabo desde los inicios de su carrera, sino que, además, le permitió curar sus heridas emocionales tras el fracaso de “Dodes'ka-den” y le abrió las puertas de un tipo de coproducción internacional hasta entonces inédito en su carrera, lo que le propició llevar a cabo una extraordinaria última etapa de su carrera cinematográfica con títulos como “Kagemusha, La Sombra del Guerrero”, “Ran”, o “Los Sueños de Akira Kurosawa”. La cinta fue reconocida a nivel internacional (ganó el Oscar a la Mejor Película de Habla no inglesa en 1976 y el David di Donatello a Mejor Director Extranjero en 1977, entre otros premios) y sirvió para dar a conocer fuera de las fronteras de Japón de manera más extensa la filmografía anterior del cineasta.
Manuel Díaz Noda
Crítico de cine
Coordinador de Fimucinema