“La sal de la tierra”. Arte y Regeneración
Título original: The Salt of the Earth
Año: 2014
Duración: 100 min.
País: Francia
Director: Wim Wenders, Juliano Ribeiro Salgado
Guión: Wim Wenders, Juliano Ribeiro Salgado
Música: Laurent Petitgand
Fotografía: Hugo Barbier, Juliano Ribeiro Salgado
Coproducción: Francia-Brasil-Italia
Género: Documental | Fotografía
Esta película se proyectó en el Cinefórum de las primeras jornadas "La Aventura de Comprender. En busca de preguntas imprescindibles", en colaboración con el Aula de Cine de la Universidad de La Laguna, Charlas de Cine y Multicines Tenerife.

Una de las principales preguntas a las que se enfrenta el discurso medioambiental hoy en día tiene que ver con el punto de no retorno, hasta qué grado podemos revertir el daño que hemos realizado al planeta o si ya hemos llegado a un nivel de deterioro del entorno en el que es imposible rehabilitar el medio ambiente. En qué punto la desertización del planeta, el derretimiento de los polos, la contaminación de los mares, los efectos nocivos de los gases en nuestra atmósfera o la extinción de diferentes especies se pueden reparar para evitar que La Tierra se convierta en un lugar inhóspito para la raza humana. En esta discusión entra también otro concepto importante: en qué medida el ser humano es capaz de regenerarse a sí mismo, detener su comportamiento parasitario de los recursos del planeta y restablecerse dentro del orden natural. El director Wim Wenders encontró en la obra del fotógrafo Sebastião Salgado la respuesta a estas cuestiones, de manera que su documental “La Sal de la Tierra” nos ofrece diferentes niveles de lectura que van desde la exposición de la carrera artística de Salgado, la forma en que su cámara ha denunciado los actos destructivos del ser humano hacia el entorno y hacia sí mismo, la construcción de un legado familiar que se convierte en puerta hacia la regeneración y la defensa del arte como medio curativo emocional y espiritual. Todo esto narrado de manera confesional y cercana por parte del protagonista y apoyándose casi exclusivamente en el poder sugestionador de sus fotografías.
Wim Wenders es, ante todo, conocido como director de cine de ficción, con una filmografía que revolucionó el cine alemán en las décadas de los 70 y los 80 del pasado siglo. “El Amigo Americano”, “París-Texas” y “Cielo sobre Berlín” fueron tres obras que establecieron su ideario cinematográfico y artístico, con una búsqueda de un lenguaje moderno, pero construido e inspirado en su amor por el arte, la literatura y el cine con el que el director se había educado. A nivel cinematográfico, las figuras de Yazujiro Ozu, Nicholas Ray o Michelangelo Antonioni, entre otras, fueron decisivas y definitorias del tipo de cine al que aspiraba el director. Pese a esta vertiente de ficción, Wenders no ha tenido inconvenientes en acercarse al formato del documental, aunque curiosamente ha sido con este tipo de obras donde se ha dejado llevar más por su pasión y su admiración hacia determinados artistas. Ya en “Relámpago sobre el Agua” evidenciaba su amor por la cinematografía de Nicholas Ray, “Tokyo-Ga” fue su homenaje a Ozu, “Buena Vista Social Club” abrazaba la cultura musical cubana y sus raíces africanas, y “Pina” escenificaba la maestría coreográfica de la bailarina Pina Bausch. Es por todo esto que no es de extrañar que en “La Sal de la Tierra” haya desarrollado un retrato embellecido y entusiasta de Sebastião Salgado, así como que haya priorizado la faceta artística sobre la personal, aunque ambas acaben confluyendo y retroalimentándose.
Resulta llamativo como Wenders emplea su propia experiencia como narrador para dar una estructura literaria al documental perfectamente válida para una obra de ficción. El cineasta abre la película con un prólogo en el que nos presenta al personaje en tiempo presente, rodeado por un entorno natural al que no pertenece, pero en el que logra infiltrarse e integrarse para poder documentarlo. A continuación, el documental pasa a estructurarse en base a los diferentes proyectos de investigación fotográfica desarrollados por Salgado a lo largo de su carrera. Esto nos permite repasar de manera cronológica su evolución profesional, personal y familiar, al mismo tiempo que desarrolla un proceso en espiral donde el protagonista hace un viaje cada vez más oscuro y violento hacia el corazón de las tinieblas que va agotando su alma. En plena crisis existencial, Salgado encuentra refugio y esperanza en la antigua hacienda familiar. Su interés por recuperar la agotada tierra sirve para curar también las heridas del fotógrafo, quien, ante el resurgir de la naturaleza, recupera su optimismo por la raza humana y por el futuro de nuestro planeta. De ahí surge “Génesis”, su último proyecto fotográfico en el que se aleja de las imágenes dolorosas del mundo y se deja llevar por la belleza de la naturaleza. Así, nuestro personaje pasa por un arco de deshumanización y regeneración que culmina de manera positiva e inspiradora.
La puesta en escena de Wim Wenders se basa en la sencillez y la simplicidad. Aparte de algunos elementos de recurso, como imágenes en vídeo de la época o los mismos documentos personales de la familia Salgado, y descontando algunas imágenes del método de trabajo del fotógrafo rodadas por el propio cineasta, el grueso de la película se apoya en las entrevistas donde el propio Salgado se confiesa ante la cámara y las extraordinarias fotografías del protagonista, que son expuestas de manera directa, sin ningún efecto de zoom o paneo que dé movimiento a la imagen y ayuden a aportar ritmo a la película. Con esto, ese valor literario con el que se articula la historia y una soberbia labor de montaje, el cineasta logra generar una obra intensa, dramática y emotiva, capaz de conducir al espectador por todo esa montaña rusa afectiva en la que acaban condensados 40 años de la vida de nuestro protagonista. En las fotografías de Salgado impera el blanco y negro, componente que Wenders utiliza para que los planos de la entrevista sean fotografiados también con un elegante contraste de claroscuros que embellece la imagen y aporta un peso más dramático al conjunto.
Al final, Salgado y Wenders nos transmiten un mensaje de que aún es posible, de que no hemos llegado al punto de no retorno, que la tierra se puede curar, que nuestras heridas existenciales también pueden sanar y que, como en el relato del Rey Pescador de la leyenda artúrica, una cosa debe ir unida a la otra. La enfermedad de la tierra deviene la enfermedad del hombre, y la enfermedad de éste, mata la tierra. Para director y fotógrafo, el arte es el Santo Grial que regenera las tierras y los espíritus baldíos, llenándolos de nuevo de esperanza e ilusión. Con este mensaje alentador, la película recibió una extraordinaria acogida por parte del público y la crítica. En el Festival de Cannes de 2014 recibió el premio especial del jurado, una mención especial del jurado ecuménico y el premio François Chalais, además de ganar el César a Mejor Documental y ser candidata en esta categoría en los Oscars de 2014.
Manuel Díaz Noda
Crítico de cine
Coordinador de Fimucinema