Enero 2018
Ahora, en la conciencia consciente de la humanidad está surgiendo algo tan nuevo que todavía no hay palabras que lo describan, es más, las palabras que tenemos nos confunden y nos cercan porque son el reflejo de una visión de la Tierra que ya no la explica.

La estabilidad que se observa en la atmósfera del resto de los planetas de nuestro sistema solar no coincide con la que propicia el singular proceso que es la Vida.
En nuestro Planeta, el equilibrio dinámico que espontáneamente -palabra que usamos porque no se sabe por qué ocurre- hace que todo tienda a mayores niveles de complejidad y, por tanto, alejarse, cada vez más, del equilibrio estable de los sistemas con menor energía potencial.

Hasta ahora no habíamos sido conscientes de que nuestra consciencia es una manifestación más de la red de lo que llamamos biodiversidad; ahora, al serlo, nos damos cuenta que nos corresponde decidir qué hacer, cómo y por qué. Ya el Planeta Tierra no es nuestro reino mecánico y lineal y no está a nuestro servicio para crear eso que llamamos explotaciones ganaderas, mineras, agrícolas, marinas y ese amplio etcétera que la lucidez nos está invitando a considerar.

Ahora empezamos a darnos cuenta que la forma de pensar de nuestras culturas no es apta para afrontar lo que la evolución supone y, al mismo tiempo, estamos siendo capaces de saber que es necesario considerarla y, sobre todo, comprender que, lo que hemos hecho, ha sido sin la voluntad de producir unos resultados tan nefastos; empezamos a saber y sentir en qué medida depende de nuestra consciencia consciente cómo creemos ser y cómo podríamos ser si no eliminamos de ella, voluntariamente o no, tantos y tantos aspectos de la existencia. Tanto poder tenemos.

No entendamos esto como que somos poderosos, sino que formamos parte del enorme poder que supone la Vida viviendo; hasta ahora todos los seres que se han manifestado en la Tierra han colaborado, se han comunicado y han favorecido esta sorprendente y maravillosa evolución de los últimos tres mil quinientos millones de años.

La nueva situación que se vive en este rincón del Universo supone cuál será el futuro de nosotros como humanos (la vida no corre peligro). Estamos en un momento especialmente adecuado para evolucionar en armonía como, hasta ahora, toda la manifestación de vida ha hecho. Nuestra naturaleza no es ajena o añadida a la Vida, es la misma Vida manifestándose humana, así, nuestra consciencia, en la medida que no la entendamos ciegamente como nuestra exclusivamente, permitirá que continúe la aventura de nuestro Planeta y su consciencia.