Septiembre 2018
Cada vez encontramos más señales que indican que nuestra actividad, la actividad industrial y comercial que realiza gran parte de la humanidad, introduce alteraciones en lo viviente de la Tierra más allá de lo que el sistema puede soportar. Cómo interpretar ese hecho sería, indudablemente, algo imprescindible.
¿Por qué persistimos en realizar lo que no es soportable para el complejo sistema que se ha desarrollado a lo largo de miles de millones de años? ¿Hemos decidido razonablemente propiciar las profundas y catastróficas reacciones, que la Vida ya está realizando, para que la espontánea evolución continúe en armonía con el Universo todo? O, tal vez, es que no nos hemos permitido comprender qué es vivir sustituyéndolo por una idea torpe, antropocéntrica y simplista de la realidad.
Con la información que ahora poseemos, parece razonable considerar que la experiencia de vivir es imposible al margen de lo que consideramos “lo otro”. La individualidad, que también se es, no puede manifestarse al margen del complejo sistema que es la Vida en su conjunto.
Es necesario que comprendamos profundamente y realicemos la aventura de ir más allá de las conclusiones a las que, con respecto a la realidad, hemos llegado al observar sólo la apariencia y, a partir de ello, por ejemplo, suponer y concluir que la explotación de la Tierra tiene sentido porque aceptamos el supuesto que fue creada para que todo esté al servicio y libre albedrío de la humanidad.
Esta forma de vivir, cada vez más extendida que desertifica y destruye la inspiradora y sabia belleza de lo que naturalmente ha acontecido hasta que nuestra idea de las cosas lo ha impedido, necesita una cultura que, coherente con lo espontáneo del Planeta, permita una forma de vida viable; una cultura distinta a la que ahora rige nuestras vidas que es violenta, ávida e insensible.
Nada impide que la armonía con el Universo que supone respirar, la reflejemos en nuestra forma de pensar y sentir. Hacerlo no implica esfuerzo alguno, solamente requiere experimentar lo que somos y no tratar de que todo se acomode a lo que erróneamente creemos ser.