Octubre 2018
Aún hoy sigue sucediendo que, generalmente, seguimos viendo lo que creemos ver; no tenemos una forma de pensamiento que nos permita saber de la compleja implicación de los fenómenos naturales y espontáneos. Creemos, más bien, en una realidad simple y lógica lo que nos impulsa a suponer, a teorizar y a aceptar lo que deducimos como si de lo real se tratase.
Saber que la Tierra es la que gira en torno al Sol no supone gran cosa: saber que ese Sol que desaparece cada tarde por el horizonte dota de energía al complejo sistema que nos permite vivir, podría serlo.
Sabernos en relación con el Universo, y sabernos interdependientes de una serie tan amplia de variables desconocidas e imprevisibles, hace evidente que el pensamiento lógico no puede ser el camino a la comprensión de lo que acontece cada día y a cada instante en el Mundo. Por eso Gregory Bateson decía que “la lógica es un modelo deficiente de causa y efecto”.
Ahora debatimos sobre cómo lograr formas de actuar cuya interacción con el conjunto supongan evolución y no el desarrollismo desmedido e inviable que caracteriza a nuestras actividades.
Se sabe que los sistemas que no evolucionan colapsan y, también, que los sistemas complejos se autorregulan lo que supone que el sistema reconoce el conjunto de la información que genera el proceso y actúa de manera consecuente, algo muy lejos de nuestras posibilidades actuales de hacer actividades a gran escala con previsión exacta de los resultados y consecuencias a partir de modelos lógicos.