Abril 2019
Maravillas cercanas
Los impresionantes paisajes de los Himalayas, el asombroso Continente Antártico o los caudalosos ríos africanos indudablemente pueden calificarse como maravillas; sin embargo, cosas cercanas y no extraordinarias también son igualmente asombrosas.
La contemplación del leve movimiento de una hoja que el viento produce nos puede hacer sentir y saber más allá del conocimiento.
Si solamente miramos, veremos lo que hemos acumulado como conocimiento, es decir, cómo el viento mueve la hoja. Lo que convierte este hecho en una maravilla cercana ocurre al tomar consciencia que lo que estamos viendo es simultáneamente el propio acontecer del Planeta en su conjunto.
En nuestra especie se ha desarrollado una gran cantidad de individuos que convirtieron en creencia la idea de unas autoridades morales de gran influencia que preconizaron que los humanos somos los reyes de la Tierra y que ésta está a nuestro servicio, siempre, eso sí, que aprendamos a explotarla para obtener los recursos que nos satisfagan.
Esa forma de entender sintiendo de manera incoherente la individualidad como realidad capaz de existir, no considerarnos una especie que, si acontece es por el acontecimiento simultáneo de todo lo demás, ha dado forma a una alterada relación del conjunto de los procesos, lo que llamamos problema medioambiental…, cambio climático o cualquier otra simplificación que es poco más que un nombre.
Al sentirnos individuos, nos hemos interesado particularmente en el cómo ocurren las cosas porque hemos descubierto que ese “cómo” nos permite controlar, al menos durante un tiempo, los procesos espontáneos para satisfacernos.
Ahora que nos vemos en una situación que nos desborda, aplicamos el corto recorrido de nuestro conocimiento para tratar de controlar lo que ha producido nuestra igualmente simple y absurda forma de interpretar la información que nos viene del conjunto de lo que se manifiesta en el Planeta durante miles de millones de años.
Parece haber llegado el momento de desarrollar la sensibilidad que también tenemos. Hacerlo nos llevará a considerar no sólo el cómo, sino que también apreciaríamos el por qué; el misterioso por qué ocurre esta singularidad en el Universo que llamamos Vida.
La ignorancia, la sola consideración de la apariencia nos lleva a situaciones violentas como solución de los problemas; superar la ignorancia hará desaparecer también la ira que nos produce el no lograr lo que pretendemos: también desaparecerá la avidez con la que pretendemos obtener todo lo que creemos que paliará el desasosiego y la frustración que produce vivir compulsivamente al no comprender y saber de su sentido.