Diciembre 2019
Algunas personas, como San Agustín, se dan cuenta de que la realidad no es una conclusión a la que se llega, por ejemplo, al considerar las afirmaciones de filósofos o científicos ni tampoco el mito que no nos cuestionamos; “la realidad es una percepción y no un concepto”, decía este Padre de la Iglesia a mediados del primer milenio.
Más que una afirmación taxativa, esto que dijo Agustín de Hipona puede considerarse una invitación a la reflexión y a la contemplación, algo que puede ser muy interesante en la situación actual, conmovidos como estamos ante lo que ya ha empezado a ser reconocido como la tendencia imparable, aunque tal vez modificable, de cómo se manifiesta ahora la Vida en la Tierra.
Por loable que sea en unos casos, o más que discutible en otros, a lo que estamos haciendo podríamos incorporar algo que no solamente sea intentar un mundo sostenible; mundo sostenible que se quiere sin otra motivación que la de no abandonar la forma de vida de los pocos privilegiados que explotan, o de los que nos aprovechamos de la bárbara explotación a la que sometemos todo lo que nos pueda producir la ilusión de que un día seremos felices cuando satisfagamos todos nuestros deseos, otro de los mitos comúnmente aceptados.
¿Cómo imaginaríamos un mundo no movido por el deseo de consumir y sí por el gozo de ser conscientes de esta vida que somos y que no sólo se desarrolla, sino que, fundamentalmente, evoluciona?
Seguramente nos acerquemos más a la realidad si incorporáramos la reflexión, la contemplación y el imprescindible silencio por el que los poetas saben; ese silencio creativo en el que se experimenta con consciencia el trascender la apariencia de las cosas.
Todos podríamos así aspirar a que todos los seres alcanzásemos la Paz.
Será una muy hermosa expresión de la inteligencia.