Abril 2020
La poesía acontece cuando alguien, abismándose en en lo hondo de todo o de cualquier cosa manifestada, experimenta la realidad de esa manera también posible pero ya no conforme a un pensar/sentir lógico ni quedándose en la apariencia de lo contemplado.
Luego, con la palabra, el poeta, aún sabiendo que con ella no podrá expresar lo experimentado, escribe su poema; nos hace sentir aquello que él experimentó y así vemos cómo las palabras de siempre, esas palabras habituales pueden hablar de otra manera y nos acercan a otra forma de ver y sentir que nos conmueve; esas palabras del poeta nos abren a lo embriagador del misterio sugerido que muchas veces intuimos.
A veces los poetas escriben versos en los que la hondura parece no estar presente aunque lo esté; ellos saben jugar al escondite y luego, de pronto, sorprendernos; por ejemplo, cuando Don Antonio Machado, el poeta español del 98, escribió “Es de necio confundir valor con precio” o cuando dice “El loco paga un pecado ajeno, la cordura, la terrible cordura del idiota”.
Estas dos citas podrían ser, por sí solas, el editorial de este mes. De hecho lo son aunque estén acompañadas por un preámbulo y ahora por una reflexión final.
Muchas voces, cada vez más, se refieren a lo insostenible del sistema de vida que hemos decidido porque vivir lo hemos convertido en un sinsentido.
Seguramente es necesario que nos demos cuenta de lo importante que es que haya más locos dispuestos a saber de la Vida del Planeta evitando la fatal confusión que, en el ámbito del Zen, señaló Hui Neng allá por el siglo VIII: “Conocer es una forma ilusoria de pensar y no saber es una forma de insensibilidad”. También, en el siglo pasado Pablo Picasso señaló: “Ver, eso es lo que es difícil, vemos a veces, raramente. Miramos sin ver”. 

El jue., 7 may. 2020 a las 11:00, Maria Perez () escribió:
Editorial de mayo¿Cuánto hace que no sientes el Planeta?
Casi imposible resulta imaginar que aquella roca incandescente que fuimos como planeta hace unos cuantos miles de millones de años acabara albergando esta forma de vida tan desconocida en el Universo del que tenemos noticia.
Aunque se reconoce que la vida es una manifestación que tiene muchas posibilidad de suceder, la vida compleja de los seres pluricelulares evolucionando hacia la complejidad, hacia formas de cada vez mayor energía potencial, no lo es en absoluto.
La Vida que aquí vivimos no debe ser tan previsible dado que no sólo no sabemos de otro lugar en el que se manifieste, sino que, lo que conocemos, los planetas de nuestro sistema solar, por ejemplo, a lo que tienden es a niveles de menor energía potencial, de ahí su muy lenta transformación.
Lo que acontece en la delgadísima capa que llamamos biosfera, delgadísima si la comparamos con el radio de nuestra esfera, es el mayor motivo de asombro y de interés al que se puede enfrentar un ser con consciencia consciente.
Perder la oportunidad de sentir este extraordinario suceso que está ocurriendo en el Universo no sólo es una torpeza, es el suicidio que estamos perpetrando, es la mayor manifestación de ignorancia que hayamos realizado jamás.
Dado que la Vida sigue estando ahí con la fortaleza que la caracteriza, siempre podemos realizar el acto de sensatez que es sentir; sentir profundamente mucho más allá de la impertinente postura antropocéntrica que propicia esta agotada cultura nuestra, ya incapaz de hacerse preguntas inteligentes y, mucho menos, de encontrar una forma de existir que sea armónica con todo lo viviente.
La hermosa y esperanzadora idea de lograr el desarrollo de las potencialidades que nos quedan por descubrir hace que la aventura de sentir el Planeta sea el acto más inteligente que podamos realizar.