Abril 2020
La poesía acontece cuando alguien, abismándose en en lo hondo de todo o de cualquier cosa manifestada, experimenta la realidad de esa manera también posible pero ya no conforme a un pensar/sentir lógico ni quedándose en la apariencia de lo contemplado.
Luego, con la palabra, el poeta, aún sabiendo que con ella no podrá expresar lo experimentado, escribe su poema; nos hace sentir aquello que él experimentó y así vemos cómo las palabras de siempre, esas palabras habituales pueden hablar de otra manera y nos acercan a otra forma de ver y sentir que nos conmueve; esas palabras del poeta nos abren a lo embriagador del misterio sugerido que muchas veces intuimos.
A veces los poetas escriben versos en los que la hondura parece no estar presente aunque lo esté; ellos saben jugar al escondite y luego, de pronto, sorprendernos; por ejemplo, cuando Don Antonio Machado, el poeta español del 98, escribió “Es de necio confundir valor con precio” o cuando dice “El loco paga un pecado ajeno, la cordura, la terrible cordura del idiota”.
Estas dos citas podrían ser, por sí solas, el editorial de este mes. De hecho lo son aunque estén acompañadas por un preámbulo y ahora por una reflexión final.
Muchas voces, cada vez más, se refieren a lo insostenible del sistema de vida que hemos decidido porque vivir lo hemos convertido en un sinsentido.
Seguramente es necesario que nos demos cuenta de lo importante que es que haya más locos dispuestos a saber de la Vida del Planeta evitando la fatal confusión que, en el ámbito del Zen, señaló Hui Neng allá por el siglo VIII: “Conocer es una forma ilusoria de pensar y no saber es una forma de insensibilidad”. También, en el siglo pasado Pablo Picasso señaló: “Ver, eso es lo que es difícil, vemos a veces, raramente. Miramos sin ver”.