Editorial de Mayo 2020
¿Cuánto hace que no sientes el Planeta?
Casi imposible resulta imaginar que aquella roca incandescente que fuimos como planeta hace unos cuantos miles de millones de años acabara albergando esta forma de vida tan desconocida en el Universo del que tenemos noticia.
Aunque se reconoce que la vida es una manifestación que tiene muchas posibilidad de suceder, la vida compleja de los seres pluricelulares evolucionando hacia la complejidad, hacia formas de cada vez mayor energía potencial, no lo es en absoluto.
La Vida que aquí vivimos no debe ser tan previsible dado que no sólo no sabemos de otro lugar en el que se manifieste, sino que, lo que conocemos, los planetas de nuestro sistema solar, por ejemplo, a lo que tienden es a niveles de menor energía potencial, de ahí su muy lenta transformación.
Lo que acontece en la delgadísima capa que llamamos biosfera, delgadísima si la comparamos con el radio de nuestra esfera, es el mayor motivo de asombro y de interés al que se puede enfrentar un ser con consciencia consciente.
Perder la oportunidad de sentir este extraordinario suceso que está ocurriendo en el Universo no sólo es una torpeza, es el suicidio que estamos perpetrando, es la mayor manifestación de ignorancia que hayamos realizado jamás.
Dado que la Vida sigue estando ahí con la fortaleza que la caracteriza, siempre podemos realizar el acto de sensatez que es sentir; sentir profundamente mucho más allá de la impertinente postura antropocéntrica que propicia esta agotada cultura nuestra, ya incapaz de hacerse preguntas inteligentes y, mucho menos, de encontrar una forma de existir que sea armónica con todo lo viviente.
La hermosa y esperanzadora idea de lograr el desarrollo de las potencialidades que nos quedan por descubrir hace que la aventura de sentir el Planeta sea el acto más inteligente que podamos realizar.