Editorial de Julio 2020
El silencio que necesitamos
Poco a poco, casi sin darnos cuenta y en muchos casos sin querer hacerlo, muchos de los velos que habíamos puesto ante nuestros ojos, especialmente ante los ojos de nuestras capacidades para apreciar el sentido de las cosas y sentirlas, han ido cayendo.
Ahora, asombrados, sabemos que nuestro mundo, ese mundo que hemos creado en la ficción de nuestro pensamiento ilusorio, es como siempre fue, armónico y orgánico, inesperado y creativo e imposible de describir con la simplificación de nuestra lógica.
Creímos que su instrumentalización sería posible y que tendríamos la posibilidad de dominarlo, someterlo y explotarlo a nuestro antojo…, pero con la caída de tantos velos empezamos a ser conscientes de que nos faltan palabras que nos cuenten cómo es realmente eso que llamamos nuestro mundo, nuestra vida; también está aconteciendo que nos vamos dando cuenta de que el mundo y la vida son un algo misterioso que a nadie pertenece y que ha llegado a manifestar lo que ahora manifiesta, incluida la especie humana, sin el concurso de nuestra pretenciosa y absurda supuesta superioridad.
Raudales de información circulan por doquier, se conocen datos de la catástrofe desatada en el Planeta aunque la magnitud es tal que nadie acierta a precisarla; lo que se ha podido medir y comparar con lo que ha acontecido en los miles de millones de años permite saber que el entorno que conocemos, clima, especies, o agua por ejemplo, puede tener modificaciones que produzcan una nueva extinción, sólo que ahora eso lo estamos viviendo con conocimiento y con una previsión de decenas de años solamente.
Los datos más habituales, más fáciles de encontrar, son los referidos a lo que pone en peligro nuestra forma de vida, sin embargo olvidamos que nuestra vida tiene una característica sorprendente y maravillosa, la consciencia y sus potencialidades, la capacidad de nuestra especie de contemplar y de saber, esto no debería quedar fuera de nuestras consideraciones.
Es imprescindible volvernos a contar el mundo y encontrar en el silencio de la contemplación esas nuevas palabras que sean capaces de señalar cómo es vivir en armonía y con el respeto que produce apreciar la pureza original de todo lo que se manifiesta. La posibilidad de una forma  pacífica, inteligente y creativa es una excelente idea para continuar la aventura de la evolución.